Columna: Démosle lugar al Otro


Herold Weiss

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Tal como lo hicieran los primeros cristianos, nosotros también leemos textos de diferentes maneras. Entre nosotros los adventistas, la aceptación de diferentes lecturas del mismo texto bíblico se debe, en gran parte, al reconocimiento de que Elena de White interpretó al mismo texto de varias maneras. Es por eso que, ahora que el posmodernismo nos ha hecho concientes de la legitimidad de diferencias, no debiéramos automáticamente rechazar esta manera de ver las cosas.

Por siglos los europeos, aunque concientes de la existencia de la India, la China, México y Perú, actuaban como si los pueblos de esas tierras podían ser ignorados, avasallados, engañados, o exterminados impunemente. Creían que Dios les había confiado el planeta a los cristianos. Aún los judíos de Europa eran considerados una plaga que había que contener, aguantar a regañadientes, o exterminar. El eurocentrismo, con su imperialismo cultural, parecía tan natural como a los antiguos les había parecido pensar que la tierra está al centro del universo.

Hoy sabemos que no sólo la tierra no es el centro del sistema solar a que pertenece, sino que es imposible saber dónde está el centro del universo puesto que parece no tener límites y todavía está en proceso de creación. Las referencias bíblicas a un universo de tres pisos, con los cielos arriba y las aguas debajo de la tierra deben ser leídas con el reconocimiento de que ya no cuadran con las nociones alcanzadas por los avances de la tecnología que nos permite ver y medir lo que ojos y manos no podían ni ver ni medir anteriormente.

El uso de la racionalidad histórica en la lectura de la Biblia, indudablemente, trajo consigo grandes beneficios a la iglesia de Cristo. Uno de ellos, y pudiera ser el más notable, fue hacer posible el estudio de la Biblia en diálogo abierto sin barreras denominacionales. Muchos cristianos comprometidos con el evangelio consideran su identidad denominacional algo secundario. Lo que los identifica es la intensidad con que quieren ser fieles a Dios. Esto refleja otra característica de la lectura de la Biblia en nuestros tiempos.

Cuando estudiaba en el seminario (1956-58), el objetivo de todo esfuerzo exegético era determinar la correcta interpretación del texto. La presuposición básica era que había sólo una interpretación correcta. Con eso en mente, era imprescindible establecer cuáles eran las palabras escritas por el autor. Para ello era necesario estudiar todos los manuscritos existentes y decidir qué decía el original ahora perdido. Luego había que estudiar las lenguas usadas por los escritores del original para poder estar seguros que la traducción a los idiomas modernos era la mejor posible. Entonces había que leer los comentaristas más reconocidos para saber cómo el texto había sido interpretado en el pasado. Esto permitía elegir las dos o tres interpretaciones con más posibilidades de ser la correcta. Finalmente uno debía con osadía anunciar cual era la única interpretación sostenida por el texto. Todas las otras sostenidas por eruditos del pasado y del presente debían ser consideradas erróneas.

Para algunos adventistas la tarea de determinar la interpretación correcta no requería los arduos estudios arriba mencionados. La interpretación correcta es aquella dada por la Hna. White. Esta manera de determinar la interpretación correcta de un texto dejó de tener peso cuando se demostró que la Hna. White en diferentes ocasiones dio interpretaciones diferentes al mismo texto bíblico. Desde entonces está claro que no hay atajos en la labor bíblica.

Hoy en día los eruditos aceptan que, si bien no todas las interpretaciones dadas a un texto tienen igual valor, textos pueden tener más de una interpretación válida. En gran parte, esto se debe al reconocimiento de que la búsqueda de la única interpretación correcta estaba motivada por un imperialismo cultural.

La razón por la cual leemos la Biblia es para recibir respuestas a nuestros interrogantes espirituales. Estos, sin embargo, no proceden del vacío. Surgen en el contexto de nuestras experiencias personales. Estas, a su vez, reciben su forma de las diferentes culturas en que vivimos. La respuesta bíblica a los interrogantes que surgen en nuestra experiencia cotidiana no puede ser la misma en todos los tiempos y todas las culturas. Cuando es ofrecida como tal resulta ser, en la mayoría de los casos, parcial o totalmente irrelevante. El que la recibe la acepta como información, pero no como energía para vivir.

Lo que nos une a los primeros lectores de la Biblia no es tener la misma información o compartir las mismas doctrinas. Es ser los herederos de su fe. Es el deseo de buscar la mejor manera de expresar nuestra fe. Es el reconocimiento de que vemos las realidades eternas, como dijera el apóstol Pablo, a través de un espejo borroso (hecho de cobre). Tanto en los autores de la Biblia como en sus lectores la fe busca cómo expresarse y lo hace de diferentes maneras. La Biblia es un documento de fe escrito para estimular la expresión de fe. El Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios que les prometió vida en la tierra adonde los guiaba, es el mismo Dios que trajo vida abundante a la tierra en la persona de Cristo y todavía nos estimula a tener fe con la promesa de vida en Su Nombre. Nuestras vidas de fe, tal como la vida de Jesús, transcurren en circunstancias concretas en culturas particulares. El intelectual europeo, un hombre blanco, no puede ser la norma de la expresión de fe. Al indostano, al chino, al negro de África, al mulato, al mestizo, al quechua y al charrúa, y a las mujeres de todos ellos, se les debe dar lugar para que expresen su fe bíblicamente.

Comments

Herold,
Me gusto mucho esta columna. Me requerda de una cita de Barth, "Sólo hay una verdad, una realidad, sino diferentes opiniones, diferentes aspectos: al igual que el sol brilla en diferentes lugares" (There is only one truth, one reality, but different views, different aspects: just like the sun shines on different places).

Gracias!

Saludos Dr. Herold,

Me parece un excelente comentario, en especial para nuestro mundo hispano en dónde "darle lugar al otro" no es una idea o actitud muy frecuente. Creo que Ud. siempre nos desafía con sus artículos para el Café Hispano, y siempre nos deja con deseos de investigar más y de hacer preguntas, muchas preguntas.

Obviamente encerrar la verdad de un texto a una sola interpretación sería un absurdo completo; la Palabra de Dios es muy rica y amplia cómo para ser vista en una sola dimensión y aceptada la interpretación hecha por un sólo hombre o un grupo de ellos. Ahora bien, la iglesia como cuerpo también ha trazado algunas interpretaciones de textos bíblicos que delinean nuestra manera única de ver la fe y la verdad bíblica, mi pregunta, ¿cuándo las "opiniones de otros" entran en conflicto con esas interpretaciones de la comunidad de fe, debemos darle lugar?. ¿Cuáles serían las implicaciones de ello? ¿la desunión que pudiera seccionar la comunidad de fe o la pérdida de confianza en lo que la comunidad enseña?.

Bendiciones, siga escribiendo cómo lo hace, son preguntas sinceras, que verdaderamente me preocupan.

Dios le guarde.

Abner

(Johnny, I hope you don't my commenting here also.)

Based on what Dr. Weiss has said here, I agree that cultural imperialism runs through the pursuit of "the one correct interpretation." I believe it to be a problem that blocks healthy communion. Abner rightly asks how cultural imperialism is different from how Adventists approach things today.

I don't think it is different. To me, using one division or conference's standards to measure those of another, or using authorized Adventist interpretations to measure nonAdventist interpretations is still playing the same imperial game. I understand that some of us have been on the wrong side of that game for the longest time, but the only change now is who is on which team. The rules remain the same. It is as convenient for us to be on the "right" and "unique" team now as it was for the old colonial male to be on the right team in his day. Whether the LAD or the IAD are looking at the NAD and TED and shaking their heads, or the NAD and TED are doing the reverse; whether evangelicals are criticizing emergents or Adventists are warring with Catholics -- it is all still the same process at work.

As I think Weiss does here, we still wish to insist that our ray of sunshine is more sunny than another group's (thanks for the Barth quote, Johnny) -- and we find great pride in advertising our ray. Under those circumstances, difference can only be an obstacle to fellowship. But it need not be. We can learn to play more nicely with each other, without devaluing our ray or diminishing others'. We can still share our ray with others while we respect their rays for the light they also bring.

KM,
Of course! Comments are very rewarding for the author and beneficial for the community and they are welcome in any language :)

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