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 <title>Spectrum Café Hispano - Escuela Sabatica</title>
 <link>http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/escuela_sabatica</link>
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 <title>Para un tiempo como éste: el apóstol Pablo</title>
 <link>http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/06/28/para_un_tiempo</link>
 <description>&lt;p&gt;Textos clave: Hech. 9:1-9; 22:3-5, 25-29; Rom. 7:19-25; 11:1, Fil. 3:5; 2 Ped. 1:3-8.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El apóstol Pablo tuvo un impacto poderoso en el mundo conocido de su tiempo, llevando el cristianismo más allá de los confines geográficos de Israel.  Su vida y ministerio es un modelo para nuestra misión actual. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El mensaje cristiano de Pablo es, sin duda, diferente al de Jesús.  Y no podía ser de otro modo, porque Pablo no es Jesús.  Además, vivió circunstancias diferentes.  Jesús se movió en tierras judías y habló principalmente a judíos; Pablo, en cambio, predicó principalmente a gentiles.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pablo tenía profundas raíces judías y se sentía orgulloso de ello (Filip.3:4-6).  Era judío desde el nacimiento, por lo tanto había sido “circuncidado al octavo día”.  Podía trazar su árbol genealógico llegando, en sus raíces, hasta el mismo Israel.  Era de la tribu de Benjamín, la que había dado a Israel su primer rey.  Hablaba hebreo.  Era fariseo (el partido más nacionalista y tradicional) e hijo de fariseo.  Era perfectamente obediente a la Ley de Moisés, hasta el punto de ser “irreprensible”.  Y por si fuera poco, había perseguido a la iglesia de Jesús con un celo feroz y activo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero su encuentro personal con Jesús le había hecho cambiar de paradigma.1  Su cosmovisión cambió.  Cambió su fanatismo fariseo.  Se convenció de que Jesús era el Mesías que él e Israel habían esperado por siglos.  Esto significaba, en primer lugar, que la comunidad hebrea de seguidores de Jesús –de los cuales él era un representante— eran realmente judíos “en lo interior” y no superficialmente (Rom. 2:28-29).  En segundo lugar, significaba que los no-judíos que seguían a Jesús habían sido “injertados en el buen olivo” (Rom. 11:17, 24) que era el pueblo de la alianza, Israel.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Creo que el primer aspecto en que deberíamos tomar a Pablo como modelo para nuestra misión actual, es nuestra manera de entender al pueblo judío.  Con respecto a esto, los que debemos cambiar de paradigma somos nosotros.  Nos hemos acostumbrado a repetir, sin reflexión ni crítica, que Dios ha rechazado a Israel.  Esto es totalmente opuesto a lo que enseñaba Pablo.  “¿Ha desechado Dios a su pueblo?  En ninguna manera, porque yo también soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín” (Rom. 11:1).  No debería haber duda de que Pablo se refiere aquí a la nación judía, al “Israel étnico” y no al así llamado “Israel espiritual”, como puede advertirse cuando en el versículo anterior habla de “Israel . . . pueblo rebelde y contradictor” (10:21).  Para no dejar sombra de duda, se refiere a su nacionalidad israelita según la carne: de la tribu de Benjamín, descendiente de Abraham.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para Pablo, la iglesia cristiana no es una entidad separada del judaísmo, ni es su reemplazante.  Para el apóstol, el Nuevo Pacto fue hecho por Dios con los judíos que creían en Jesús –que eran varios millares (Hechos 2:41; 4:4; 21:20)— y con los “gentiles” que habían sido “injertados” en Israel.  Si compartiéramos la visión de Pablo, nuestra misión con respecto a los judíos no sería despectiva ni jactanciosa (ver Rom. 11:18).  Aunque no seamos judíos ni sintamos el mismo amor que sentía Pablo por su nación (Rom. 9:3), nuestra actitud hacía los judíos debería ser de humildad y gratitud.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El segundo aspecto en el cual deberíamos tomar a Pablo como modelo, es el que se refiere a su espíritu no sectario.  Para los bautizados en Cristo “ya no hay judío ni griego” (Gál. 3:28), dice Pablo.  Obviamente quiere decir que las diferencias étnicas existen, pero no importan.  Tampoco importan las diferencias de género: “no hay varón ni mujer”.  Los privilegios de cualquier naturaleza que pongan al varón por sobre la mujer –en la sociedad y en la iglesia— violan este principio.  Lo mismo ocurre con las diferencias sociales: “No hay esclavo ni libre”, todos somos uno en Cristo Jesús.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las implicaciones misioneras de esta enseñanza paulina son de central importancia.  La “igualdad, la fraternidad y la libertad” deberían haber movido a la Iglesia a transformar el mundo mucho antes de que lo empezara a hacer la Revolución Francesa.  Y el cambio podría haberse hecho sobre la base de principios cristianos, con fundamento en el amor a la Humanidad y a su Creador.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para adquirir esta perspectiva no sectaria, Pablo tuvo que darse cuenta de cuál era el espíritu que movía a Cristo.  Cuando entendió que Cristo “murió por todos”, cayó en la cuenta de que no podía seguir teniendo una actitud fanática de exclusivismo denominacional.  Su ceguera física producto del encuentro con Jesús, en el camino a Damasco, seguramente le hizo pensar en su terca ceguera espiritual.  Entonces dejó sus actividades persecutorias y se dedicó a predicar sólo a Cristo crucificado por nuestros pecados y resucitado para nuestra gloria.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No será fácil que, como adventistas del Séptimo Día, renunciemos a nuestro exclusivismo denominacional.  No será fácil que renunciemos a nuestras tradiciones para seguir verdaderamente la enseñanza de la Biblia.  Pero si decidimos empezar a seguir el ejemplo de Pablo, tal como está escrito y no como lo interpretamos para favorecer a nuestra tradición, es posible que se nos caigan las escamas de los ojos y produzcamos un impacto poderoso en el mundo de nuestro tiempo.  De lo contrario, esta lección de la Escuela Sabática será una más, que acomodaremos a nuestro gusto para alimentar nuestro orgulloso fariseísmo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;NOTAS Y REFERENCIAS:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;1 Thomas S. Kuhn publicó en 1962 su ya clásico libro: La estructura de las revoluciones científicas, en el que señala que, de tanto en tanto a lo largo de la Historia, ciertos descubrimientos científicos revolucionan de tal manera al conocimiento sustentado por la comunidad científica, que es necesario realizar un profundo cambio en las presuposiciones, teorías, métodos, lenguaje científico, etc.  Este cambio es denominado por Kuhn “cambio de paradigma”.  Al descubrir a Jesús, Saulo de Tarso se transformó en Pablo, y cambió también su comprensión de la realidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&amp;amp;&amp;amp;&amp;amp;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Carlos Enrique Espinosa, Doctor en Filosofía por la Universidad Andrews, es Profesor de Teología y Filosofía, y escribe desde Argentina.&lt;/p&gt;
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 <comments>http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/06/28/para_un_tiempo#comments</comments>
 <category domain="http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano_category/escuela_sab_tica">Escuela sabática</category>
 <pubDate>Fri, 27 Jun 2008 21:57:52 -0700</pubDate>
 <dc:creator>Carlos E. Espinosa</dc:creator>
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 <title>¿Cómo esperar la Segunda Venida? (Su regreso como Rey y Amigo)</title>
 <link>http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/06/25/su_regreso_como_rey_y_amigo</link>
 <description>&lt;p&gt;(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El cielo se puso cada vez más brillante.  La tierra parecía temblar y la gente corría despavorida.  Yo no sabía si correr o quedarme inmóvil.  Y entonces me di cuenta: Era ESO.  Era la Segunda Venida de Jesús. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Quería estar contento, pero en cambio estaba terriblemente asustado.  La luz se hizo incluso más brillante, hasta que no pude ver nada a mi alrededor.  Oí gritos de alegría, pero ninguno de ellos era mío.  Intenté hablar, pero sólo podía hacer una especie de croar.  Luego, todo se puso negro.  Y entonces me desperté. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esto me sucedió varias veces, con algunas variaciones, cuando yo era joven.  Un solo aspecto de los sueños era constante: yo no sabía si estaba salvado o perdido.  Sólo tenía incertidumbre, miedo, y a continuación me despertaba. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los adventistas del séptimo día “viven” con la Segunda Venida.  Ella invade nuestro sueño, así como nuestro despertar.  ¿No has mirado alguna vez un cielo claro y has visto una pequeña nube blanca  del tamaño de una mano de hombre?  ¿Y entonces te has preguntado, qué será?  ¿Podría ser que . . . ?  O tal vez, manejando en un día muy nublado, has visto los rayos del sol filtrándose entre las nubes oscuras, y te ha venido el pensamiento: ¿Irá a ser parecido a esto?  Y junto con la fascinación que te produce, ¿no has tenido por lo menos un poquito de miedo? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El hecho indiscutible es que no ha ocurrido aún.  Jesús no ha regresado.  Creemos que la promesa de Dios es verdadera.  Vivimos con la esperanza de la Segunda Venida.  Oramos que sea pronto.  Pero todavía esperamos, y no podemos seguir simplemente haciendo caso omiso de las preguntas y las dudas. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego están las señales.  Siempre es fácil decir, simplemente, que todavía no se han cumplido todas.  Pero esto no armoniza con nuestra creencia de que las principales señales ya se han cumplido -que éste es el tiempo del fin, que el regreso de Cristo está “a la vuelta de la esquina”. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si entendiéramos el valor y el significado de las señales de la venida de Cristo, podríamos seguir afirmando su validez sin ninguna vergüenza.  Las señales no están dadas para que podamos construir un calendario cronológico de los acontecimientos anteriores a la Segunda Venida de Cristo.  Si esto fuera posible, sólo serviría para que muchos de nosotros  esperáramos hasta el último minuto posible para prepararnos.  Debido a que creemos que tenemos este tipo de calendario, es que podemos permanecer apáticos frente a las señales.  (Después de todo, la ley dominical debe promulgarse antes).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las señales no nos han sido dadas para que nos digan cuánto tiempo queda antes de que Cristo venga.  Se nos ofrecen para advertirnos de la calidad de los tiempos que estamos viviendo.  Esta es la hora final.  Los acontecimientos actuales son el tipo de cosas que Jesús dijo que ocurrirían a la hora de su venida.  No son como una bomba de tiempo programada para que explote, son como un tigre que se prepara para la primavera.  La situación es crítica a cada momento. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esto no significa que los acontecimientos de los últimos días no seguirán la secuencia que generalmente se indica; ni que las leyes dominicales no serán aprobadas.  Pero es una arrogancia temeraria que exijamos a Dios que siga nuestro calendario, o que se ajuste con precisión a nuestra comprensión de las cosas.  Él claramente nos advirtió que tanto sus promesas como sus amenazas son condicionales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si Dios, en su paciente amor por toda la humanidad, viera que después de 140 años la iglesia Adventista del Séptimo día como institución ya no estuviera cumpliendo con la finalidad para la cual Él la ha creado, y que debería alejarse de ella, ¿podríamos culparlo?  Esperamos y oramos para que esto no suceda.  Pero los Judíos eran el pueblo elegido de Dios, y la elección iba a durar para siempre.  Sin embargo, cuando no cumplieron su propósito, Dios se vio obligado a rechazarlos como sus mensajeros especiales.  Estamos malinterpretando a Dios si creemos que Él va a dejar que todo el mundo siga indefinidamente sufriendo dolor, tristeza y muerte, simplemente porque un grupo de personas son infieles a su misión.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Con seguridad, esto debería ser una advertencia para nosotros.  En el gran día final, algunos de nosotros podremos descubrir que hemos ido creciendo como la cizaña, mientras pensábamos que éramos trigo.  Que seamos miembros regulares de la iglesia Adventista del Séptimo día no significa que tenemos reservado un asiento en el reino de Dios.  No todos los que dicen “Señor, Señor” están inscritos en el Libro de la Vida del Cordero. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero todo esto sólo nos lleva a la cuestión de fondo.  Sabemos que estamos viviendo en el fin del tiempo.  Sin embargo, llegar a cada persona con el evangelio parece imposible, y pensar que podemos ser mejores cristianos que cualquier persona que vivió antes que nosotros, o que Dios no puede rechazar a la iglesia Adventista del Séptimo Día, es un orgullo injustificado.  ¿Qué es lo que nos pide Dios?  ¿Qué debemos hacer para que podamos ser recibidos en el reino de Dios, donde pertenecemos?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo primero y lo más importante –podemos confiar en Dios.  Él nos ha dado una segura “palabra profética” que dice que Jesús volverá.  Su Palabra no dice: “Usted debe hacer que suceda”.  Dice: “Vendré otra vez”.  Aquél cuya misericordia es eterna, Aquél que es fiel, a pesar de que todos los hombres sean infieles, no nos va a defraudar.  Dios hará que todo lo que Él ha prometido suceda –en el momento oportuno. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En segundo lugar, podemos recordar que Dios no espera más de nosotros de lo que ha esperado de sus seguidores en todas las generaciones.  Debemos amarlo con todo nuestro corazón, y con toda la mente, y con toda el alma, y debemos amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos.  Debemos hacer los deberes respecto a las cosas que nos rodean, y hacer nuestra parte para la salvación de los demás.  Y luego vamos a dejar las preocupaciones con Dios.  Él obrará en nosotros tanto “el querer como el hacer, según su buen placer” (Filipenses 2:13).  Él se ha hecho a sí mismo responsable de los resultados de nuestros esfuerzos honestos. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No tenemos por qué avergonzarnos de nuestra insistente proclamación de que Cristo viene pronto.  Estamos en buena compañía –Pablo, Juan y Pedro lo proclamaron también hace ya casi 2000 años.  Y para muchas personas el final llegará en el día de hoy, o mañana, o la semana que viene.  Para el resto de nosotros, todo llegará en breve, en el tiempo que Dios ha previsto. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo que sí debemos recordar en nuestras proclamaciones es que ser capaces de predecir el momento exacto cuando Jesús vendrá, no es lo más importante.  Los tiempos y las sazones están en las manos de Dios.  Lo más importante es que –como los santos de antaño— no vacilemos en nuestra confianza; lo importante es que nosotros, como ellos, sigamos buscando la ciudad cuyo constructor y hacedor es Dios, aunque la veamos sólo por la fe . &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El siervo fiel no es el que periódicamente se perfecciona a sí mismo por medio de esfuerzos sobrehumanos, y luego decae en la depresión cuando ocurre cualquier cosa sin importancia.  Tampoco es aquél que constantemente se dice a sí mismo que si logra hacer un poco más, podrá llegar el fin.  El siervo fiel es el que está siempre dispuesto –es el que diariamente hace el trabajo que le es asignado, confiando en que su Señor ha prometido regresar.  El Señor es el que va a acelerar ese día.  Y cuando llegue, el siervo fiel estará preparado y esperando.&lt;br /&gt;
------&lt;br /&gt;
Una versión más larga de este ensayo apareció por primera vez en Peregrinación de Esperanza, ed. Roy Branson (Takoma Park, Maryland: AAF, 1986), que puede adquirirse en el “Adventist Forum”. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Cuando se escribió este ensayo, Tom Dybdahl era editor en Rodale Press, Pennsylvania, y era un contribuyente frecuente de Spectrum.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
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 <category domain="http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano_category/escuela_sab_tica">Escuela sabática</category>
 <pubDate>Wed, 25 Jun 2008 08:05:31 -0700</pubDate>
 <dc:creator>Tom Dybdahl</dc:creator>
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 <title>El ministerio Sumo-Sacerdotal de Jesús</title>
 <link>http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/06/17/el_ministerio</link>
 <description>&lt;p&gt;&lt;em&gt;(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entre los escritos del Nuevo Testamento la obra sacerdotal de Cristo es más plenamente desarrollada en Hebreos.1  En este libro Jesús es aludido exclusivamente como un sumo sacerdote.  Esto se dice explícitamente en nueve ocasiones (2:17; 3:1; 4:14-15; 5:5, 10; 6:20, 7:26, 8:1, 9:11); y está implícito dos veces (7 : 28; 8:31).  Además, seis veces se le llama sacerdote (5:6, 7:16, 17, 20, 21), pero en estos casos las asociaciones contextuales muestran claramente que el término se refiere a su ministerio sumo-sacerdotal.  Esto significa que su ministerio celestial está relacionado con el Día de las Expiaciones, ya que en este día se concentraba la actividad del sumo sacerdote. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El ministerio sumo-sacerdotal de Jesús viene a ocupar un lugar preponderante desde el comienzo mismo de Hebreos.  Después de describir al Hijo como la revelación definitiva de Dios, y como el Creador y Sustentador de todas las cosas (1:1-2), el libro declara que después que el Hijo “ha proporcionado la purificación de los pecados”, se ha sentado a la mano derecha de Dios (1:3).  Esta purificación o limpieza de pecados, más tarde interpretada como la eliminación de los pecados (9:26), recuerda uno de los efectos del Día de la Expiación ritual en Israel, donde se usa la misma palabra para “limpieza” o “purificación” que en la versión griega –la única versión citada por Hebreos: “Porque en el día de hoy se hará expiación por vosotros, para purificaros; porque seréis limpios de todos vuestros pecados ante el Señor”.  Que Cristo se sienta después de hacer la purificación (también 10:12 y 12:2 ) indica que ya ha efectuado la ofrenda de sí mismo para salvación eterna (5:9, 9:12), la cual es aplicada, mediante su ministerio perpetuo en el cielo, a los creyentes a medida que vienen ante el trono de la gracia para recibir la misericordia de Dios (4:16).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hebreos 4:14-16, 6:19-20, y los capítulos 7-10, continúan con la imagen de la actividad sumo sacerdotal de Cristo, de la cual Heb. 1:3 es sólo una sinopsis.  Estos pasajes hacen muy claro que el sacrificio de Jesús, hecho de una vez para siempre, quita los pecados, santifica y perfecciona las conciencias de los creyentes, los trae ante el trono mismo de Dios, y les concede total garantía de salvación.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pregunta que surge es por qué estos temas del ministerio sumo sacerdotal de Cristo, y la gloriosa realidad que éste efectúa, encuentran un lugar destacado en este libro de la Biblia.  La respuesta está a la mano, y es muy práctica.  Según 10:32-34, a los destinatarios originales del libro se les pide que recuerden el momento en que se convirtieron en cristianos y tenían una ardua lucha, con el sufrimiento como consecuencia de ello.  Fueron públicamente expuestos a los abusos y la persecución.  Algunos habían sufrido el saqueo de sus posesiones, otros fueron arrojados a la cárcel.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora, en el momento en que Hebreos fue escrito, de nuevo enfrentaban dificultades y posiblemente la muerte.  Esto puede deducirse del énfasis en Hebreos 11 sobre todas las ventajas de ser hebreos, comenzando por Moisés, que sufrió la persecución, la tortura y la muerte, y en Hebreos 12 sobre Jesús que “soportó la cruz, haciendo caso omiso de su vergüenza” (12:2).  Se les pide a lectores que “consideren a aquél que padeció la hostilidad contra sí mismo de parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo” (12:3).  En sus luchas aún no habían llegado hasta el punto del martirio (12:4), pero parece claro que se trataba de un riesgo inminente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por lo tanto, la situación de los lectores era grave.  El camino de Jesús fue arduo y temible.  En tales circunstancias, sería fácil que prevaleciera la decepción, y que la asistencia a los servicios religiosos disminuyera (10:25), que empezaran a surgir preguntas sobre la enseñanza cristiana (5:11-14), y que apareciera una raíz de amargura hasta poner en peligro su discipulado cristiano (12:15).  Que perdieran su confianza y hubiera un retroceso (10:35, 39), es decir, la apostasía, era una clara posibilidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La imagen de Cristo como sumo sacerdote sirve a una doble función pastoral en Hebreos.  Se habla tanto de la cuestión del sufrimiento de los lectores como de la apostasía que el sufrimiento podría engendrar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En cuanto a la cuestión del sufrimiento, Hebreos enseña que lo que calificó a Cristo para ser nuestro sumo sacerdote, es que él comparte nuestra humanidad.  Aquel que se identifica con nosotros considerándonos como sus hermanos y hermanas (2:12) tuvo que hacerse semejante a nosotros, y ser probado en todo tal como nosotros, a fin de que pudiera llegar a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote, capaz de ayudar a aquellos que están siendo sometidos a prueba (2:17-18; 4:15).  Ya que sabemos esto, podemos acercarnos al trono de Dios con valentía para encontrar gracia para ayudarnos en nuestras dificultades (4:16).  Cuando los lectores de Hebreos, y nosotros mismos, enfrentamos el desánimo, el sufrimiento y la muerte, deberíamos recordar que Jesús mismo ofreció súplicas a Dios con fuertes clamores y lágrimas, y fue oído por su reverente sumisión a Dios.  Aun cuando era el Hijo de Dios, aprendió la obediencia y se perfeccionó a partir de lo que sufrió (5:7-9).  Se exhorta a los que sufren a identificarse con su muerte, y a estar dispuestos a soportar los abusos que él padeció (13:13).  El mensaje es: “Identificaos con vuestro sufriente pero victorioso sumo sacerdote”. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En cuanto a la apostasía, Hebreos destaca la imagen de los logros de Cristo como sumo sacerdote a fin de disuadir a sus lectores, en una situación extrema, de abandonar su identidad cristiana y dejar la comunidad, y de retroceder en su confianza en el sacrificio y en el ministerio celestial de Cristo.  Al rechazarlo, perderían la limpieza de sus pecados, el acceso a la gracia y la presencia de Dios, la realidad espiritual del reposo, y la promesa de una patria celestial.  En otras palabras, Hebreos presenta la grandeza de la salvación a través de Cristo, a fin de revelar el enorme daño y la innecesaria tragedia que significaría perderla, tal como se menciona enfáticamente en 2:1-3; 6:3-6 y 10:26-31.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hebreos contiene un trascendental mensaje sobre el miedo para que los adventistas lleven a casa.  No temamos a los próximos momentos de dificultad, porque nuestro sumo sacerdote, Jesús, ha pasado a través de ellos y nos llevará consigo cuando ocurran.  Y no temamos por nuestra salvación en el juicio, sino sólo temamos rechazar una salvación y purificación que desde hace mucho tiempo están disponibles en Cristo, que nos dejaría, por tanto, sólo con una “terrible expectativa de juicio” (10:27).  Sin duda, no podemos errar por creer en Hebreos cuando afirma que, en su muerte y en su ministerio sumo sacerdotal, Cristo abrió definitivamente la puerta salvífica que conduce a la presencia de Dios “dentro del velo”.2  Allí Cristo, nuestro predecesor, ha entrado en nuestro nombre (6:19-20) y “es capaz de salvar perpetuamente a aquellos que se acercan a Dios a través de él, porque él vive siempre para interceder por ellos” (7:25).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;NOTAS Y REFERENCIAS&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;1 En esta lección se usa la Versión Revisada Estándar de la Biblia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;2 La expresión “dentro del velo” aparece varias veces en Levítico 16 para referirse a la entrada del sumo sacerdote en el Lugar Santísimo, el lugar de la presencia de Dios, en el Día de las Expiaciones (16:2, 12, 15).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Ivan Blazen es profesor de Interpretación Bíblica y de Teología en la Universidad de Loma Linda.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
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 <category domain="http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano_category/escuela_sab_tica">Escuela sabática</category>
 <pubDate>Tue, 17 Jun 2008 05:23:22 -0700</pubDate>
 <dc:creator>Ivan Blazen</dc:creator>
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 <title>El poder de su resurrección</title>
 <link>http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/06/13/el_poder_de_su_resurrecci%C3%B3n</link>
 <description>&lt;p&gt;&lt;em&gt;(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuestro miedo más fundamental es el miedo a la muerte.  El autor best-seller Stephen King apareció en un noticiero matinal años atrás, promoviendo uno de sus conocidos libros –un grueso volumen sobre un tema escalofriante.  En un momento dado, la entrevistadora interrumpió su flujo de preguntas sobre su último trabajo, para hacer una pregunta más fundamental: “¿Por qué escribir sobre estas cosas?, ¿Qué es lo que lo mantiene escribiendo una y otra historia de horror?”  King respondió: “Porque en 200 años vamos a estar todos muertos”. Yo no leo las obras de King –la  vida real es suficientemente temible para mí— pero él tiene razón sobre la muerte.  El temor primordial, el miedo definitivo, la raíz de todos nuestros miedos, es el temor a la muerte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La muerte es un espectro que atormenta la vida humana en todas las épocas y en todo lugar.  Los edificios más antiguos del mundo, las colosales pirámides de Gizé, son monumentos a su poder.  Los antiguos egipcios estaban preocupados por la muerte.  Tan pronto como un faraón subía al trono, comenzaba a planificar su tumba.  Y las elaboradas pinturas y los objetos exquisitos que llenaban las cámaras de la sepultura real, eran diseñadas para ayudar a sus ocupantes cuando les tocara viajar al más allá.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nunca olvidaré mi primera visita al Museo Arqueológico Nacional de Atenas.  Está lleno de magníficos ejemplos del arte clásico, pero los monumentos funerarios me produjeron la impresión más duradera.  Los tristes perfiles de los antiguos dolientes, cargados con eterno dolor, ilustran perfectamente lo que dice el apóstol Pablo sobre los que hacen duelo y no tienen esperanza (1Tes. 4:13). &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hasta el advenimiento de la medicina moderna, la muerte era algo que todos conocían de primera mano.  No había una sola familia, de cualquier tamaño, que no hubiera perdido un hijo y, a menudo, a un padre también.  Los niños eran tan vulnerables que algunas culturas no los consideraban como miembros de la sociedad hasta que tuvieran varios años de edad. Hoy, las cosas son radicalmente diferentes.  No es inusual que los niños lleguen a la edad adulta sin haber perdido un solo pariente cercano.  Podemos oír hablar de la muerte, y leer sobre la muerte, pero para muchos de nosotros es sólo una posibilidad remota y no una realidad actual.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿No es así?  La verdad es que la muerte está por todas partes alrededor nuestro.  En las últimas semanas, sin ir más lejos, los desastres naturales se han cobrado miles, decenas de miles de personas, en Myanmar y en China.  En los Estados Unidos 43.000 personas mueren en accidentes de tráfico cada año.  En África, el número de víctimas del SIDA alcanza a millones.  Y todo esto a finales del siglo XX, “el siglo de la muerte”, como muchos lo han llamado, en el cual por lo menos 120 millones de personas murieron a manos de sus congéneres humanos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A pesar de su horrible rostro, algunas personas tratan de pintar un panorama positivo de la muerte.  La muerte llega a todos nosotros, ronronea, pero no hay ninguna razón para temer.  El fin de nuestra existencia es tan natural como su comienzo, y debemos abordarlo con total tranquilidad.  De acuerdo con un poema en Forest Lawn, “La muerte es sólo una vieja puerta en un muro de jardín.  En suaves goznes viene al atardecer, cuando los tordos llaman.  No hay nada que moleste a ningún corazón, absolutamente nada que duela.  La muerte es sólo una vieja puerta en un muro del jardín”.  En una línea similar, aunque en un mayor nivel poético, William Cullen Bryant invita a los moribundos a “recostarse en agradables sueños”.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En claro contraste con esta “sentimental aquiescencia”, otros consideran la muerte como si fuera “un desesperado desafío”.  Esta vida puede ser todo lo que tenemos, pero deberíamos aferrarnos a ella con tenacidad.  Resistir a la muerte hasta su final amargo, es el enfoque de William Ernest Henley y Dylan Thomas.  “Más allá de este lugar de ira y lágrimas, sólo reina el horror de la sombra”, exclamó Henley.  “Y, sin embargo, la amenaza de los años se encuentra conmigo y me  encontrará sin miedo”.  “No vayas apacible a esa buena noche”, exclamó Thomas.  “Reniega, reniega contra el morir de la luz”.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ninguna de estas actitudes o sus variaciones, antiguas o modernas, expresa la respuesta cristiana al miedo más profundo de la humanidad.  La perspectiva cristiana sobre la muerte es más complicada.  Por un lado, no hay nada sentimental en la forma en que la fe cristiana considera a la muerte.  Se mira a la muerte de lleno en la cara y ve exactamente lo que es.  La muerte es un destructor, un intruso, un enemigo.  No fue planeado que existiera, y es horrible.  Por otro lado, la fe cristiana deja a la muerte atrás.  La muerte es poderosa, pero no es supremamente poderosa.  Hay algo, o alguien, que es más poderoso, y ha obtenido la victoria sobre ella.  Por lo tanto, la muerte no es sólo vencible, en verdad ya ha sido derrotada: su poderío está roto, y su reinado terminará.  Así que, aunque la muerte es aún una parte de las cosas de este mundo, está en vías de desaparecer.  La última palabra sobre la existencia humana pertenece, no a la muerte, sino a la vida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los primeros capítulos de la Biblia vinculan a la muerte con la entrada del pecado en el mundo.  “Y Jehová Dios mandó al hombre, ‘podéis comer libremente de todo árbol del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comeréis, porque el día que de él comiereis, moriréis’” (Gen 2:16-17).  Tal como lo sugieren estas palabras, la muerte no fue una pena arbitraria que Dios impuso, sino que fue la consecuencia natural del pecado.  Siglos más tarde, el apóstol Pablo hace una relación similar entre la muerte y el pecado.  “Por lo tanto, como el pecado entró en el mundo a través de un solo hombre, y la muerte vino por el pecado, así la muerte se extendió a todos porque todos pecaron” (Romanos 5:12).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si la muerte es una consecuencia del pecado, y el pecado no pertenece a lo creado, entonces la muerte no pertenece tampoco a lo creado.  No era parte del plan original de Dios para la humanidad.  Según la Biblia, entonces, la muerte no es nuestro destino.  Somos susceptibles de morir, somos mortales.  Pero no fuimos creados para la muerte, sino que estábamos destinados a vivir para siempre.  Y de acuerdo a la fe cristiana, eso es exactamente lo que va a suceder.  “Porque la paga del pecado es muerte, mas el don gratuito de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 6:23).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La resurrección de Cristo es fundamental para la fe cristiana por una serie de razones.  En primer lugar, la resurrección de Jesús demuestra que la vida después de la muerte es una realidad.  Citando de nuevo Pablo: “Porque así como creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que han muerto en él”.  “Porque el Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tes. 4:14, 16).  Pablo elabora esta relación con más detalle en 1 Corintios 15, que es la presentación más extensa de la Biblia sobre la resurrección.  “Si no hay resurrección de los muertos, entonces Cristo no resucitó, y si Cristo no ha resucitado, entonces nuestra proclamación ha sido en vano, y vuestra fe es vana” (1 Cor. 15:13-14).  Parafraseando, si Cristo volvió a la vida, saliendo de entre los muertos, entonces podemos esperar todo, y si no, no tenemos nada que esperar.  Todo depende de la resurrección de Jesús.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En segundo lugar, la resurrección de Jesús establece de manera concluyente su identidad como el Mesías, por medio de quien Dios realiza la obra de la salvación.  Como Pablo lo dice en la introducción de su epístola más larga, Jesús era “descendiente de David según la carne, y fue proclamado Hijo de Dios con poder, según el espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Rom. 1:3-4).  En el primer sermón cristiano, el apóstol Pedro hace el mismo alcance.  “Jesús Nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, . . . a éste prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole.  Pero Dios le levantó, habiéndolo liberado de la muerte, porque era imposible que fuese retenido por ella” (Hechos 2:22-24).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En tercer lugar, el poder de la resurrección de Jesús está a nuestra disposición ahora.  Aunque la vida después de la muerte no comenzará hasta el regreso de Cristo, la vida resucitada comienza tan pronto como experimentamos el poder salvífico de Cristo.  Para el apóstol Pablo, una vez más, nuestra solidaridad con Cristo en la muerte y la resurrección comienza con el bautismo.  Nuestra vieja vida llega a su fin, y una nueva vida comienza.  “Cuando fuisteis sepultados con él en el bautismo, también resucitasteis con él, por medio de la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.  Y cuando estabais muertos en ofensas y en la incircuncisión de vuestra carne, Dios os dio vida junto con él, cuando él nos perdonó todas nuestras transgresiones . . . ”  (Col. 2:12-13).  “Por lo tanto, si habéis resucitado con Cristo”, continúa Pablo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.  Poned vuestras mentes en las cosas que están por encima, no en las cosas que están en la tierra, porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (3:1-4). &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La resurrección de Cristo, por lo tanto, nos proporciona una base para vivir ahora con confianza.  Cuando Cristo vino a la vida de entre los muertos, él rompió el imperio de la muerte para todos nosotros.  Aunque la muerte es todavía un enemigo temido, ha sufrido un golpe mortal, y su reinado pronto llegará a su fin.  Tal como lo escribió John Donne, “Muerte, has de morir”.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La idea de que la muerte es un “enemigo vencido” justifica los complejos sentimientos que tenemos en su presencia.  Por un lado, esta idea honra a nuestra repulsa a la muerte.  A pesar de todo lo que se ha dicho en los últimos años para desmitificar a la muerte y tratarla como algo perfectamente normal, como un proceso natural que no debemos temer, nuestros corazones saben mejor.  La muerte es horrible.  Es la antítesis de la vida.  Pone fin a la existencia física, mental, social y espiritual.  Viola todo lo que Dios quiere para nosotros.  Se trata de un intruso y un enemigo.  Stephen King tiene razón.  La muerte es el miedo definitivo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por otro lado, la muerte no tiene la última palabra.  Podemos enfrentarla con confianza y esperanza, porque Jesús combatió contra ella y la derrotó.  Murió en la cruz y se levantó de la tumba y, al hacerlo, rompió el poder de la muerte.  Por lo tanto, el gran enemigo ha sido vencido.  La resurrección de Jesús nos da la esperanza de vida eterna, y nos da el poder para vivir victoriosamente aquí y ahora.  Podemos experimentar sus efectos de conquista de la muerte y de transformación de la vida, día a día, mientras esperamos el día en que la muerte va a ser expulsada del buen mundo de Dios de una vez por todas. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Richard Rice es profesor de teología, filosofía y religión en la Universidad de Loma Linda.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Adaptado de “An Enemy Defeated: Death and Resurrection,” [“Un enemigo vencido: la muerte y la resurrección”], &lt;em&gt;Ministry: International Journal for Pastors&lt;/em&gt; (septiembre, 2004).&lt;/p&gt;
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 <category domain="http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano_category/escuela_sab_tica">Escuela sabática</category>
 <pubDate>Fri, 13 Jun 2008 04:22:38 -0700</pubDate>
 <dc:creator>Richard Rice</dc:creator>
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 <title>Escuela sabática: El significado de su muerte</title>
 <link>http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/06/04/el_significado_de_su_muerte</link>
 <description>&lt;p&gt;(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es un hecho que en medio de la vida nos enfrentamos a la muerte.  También es una extraña especie de ironía que, después de toda una vida de derrotas, rociada con unas pocas emociones de victoria, nos reunimos en el servicio conmemorativo junto al sepulcro de los “muy amados que parten” con elocuentes elogios y homenajes.  En esos momentos, parece que todas las obras del fallecido no sólo eran buenas sino magníficas.  Sus virtudes se magnifican y las deficiencias son pasadas por alto, como si nunca hubieran sido parte de la ecuación relacional.  Debido a su carácter definitivo, y al costo que la pérdida cobra a los que viven, es difícil encontrar algún sentido o virtud en la muerte.  Sin embargo, cuando se trata de Jesús, hay muchos significados en su muerte.  Por ejemplo, murió para reconciliarnos con Dios (Rom. 5:9-11), para destruir el poder y las obras del diablo, (Col. 1:13, 2:15), para quitar el pecado (Juan 1: 29; Heb. 9:26-28), y para darnos la vida eterna (Juan 3:14-16). &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La palabra griega thánatos (muerte) tiene dos significados importantes.  Uno describe la separación del alma (la parte espiritual que vuelve a Dios - Eclesiastés 12:7) con respecto al cuerpo (la parte material que deja de funcionar, que es enterrada en la tumba y se convierte en polvo.  Esto se conoce como el sueño de la muerte - Juan 11:11-13).  El otro significado es el de la “muerte segunda” (la separación de los seres humanos de Dios, espiritualmente –Gén 2:17, y físicamente –Apoc. 20:14).  Desde la caída de Adán y Eva, todas las personas han tenido una condición espiritual que las pone en peligro de sufrir la muerte segunda (Rom. 5:12, 14, 17, 21).  Sólo aquellos que rechazan a Cristo como su Salvador personal no serán liberados de ella (Juan 5:24, 1 Juan 3:14).  A pesar de eso, si bien todos los seres humanos, desde Adán hasta el presente, han fallecido en el sueño de la muerte, nadie ha experimentado la muerte segunda, excepto Jesús, el Dios-hombre, que la experimentó para que nosotros no tuviéramos que hacerlo.  Cuando hablaba con Marta sobre la muerte y resurrección de su hermano, Lázaro, Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida [eterna]; el que cree en mí vivirá [eternamente] incluso si él [o ella] muere [físicamente]” (Juan 11:25).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todas las decisiones a favor o en contra de Cristo deben ser hechas antes del sueño de la muerte.  Sin embargo, en el caso de Jesús, él experimentó la “segunda” muerte antes de entrar en la muerte del “sueño”.  Jesús murió la muerte segunda para que nadie perezca, sino que todos tengan vida eterna.  Esto significa que la suya fue una muerte expiatoria, un sacrificio sustitutivo, para redimir a la humanidad del pecado y de la muerte segunda.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El nacimiento de Jesús fue anunciado por medio de una luz extraordinaria (Mateo 2:2; Lucas 2:9) y, en la cruz, el universo fue notificado por medio de un período excepcional de oscuridad, de que él estaba entrando en la segunda muerte.  Toda la naturaleza, traída a la existencia por su poder creador, se escondió para no ver a su Creador en la angustia del alma, cortado de la eterna presencia de los demás miembros de la Trinidad, en una gran crisis, por causa de la redención de la humanidad.  La misteriosa separación del alma del cuerpo se estaba llevando a cabo en ese momento (Isaías 53:10-11).  “Él estaba llevando los pecados del mundo entero; el Señor había cargado sobre él la iniquidad de todos nosotros; no había nadie para aliviarlo de su carga; y la luz de Dios fue retirada de él en ese momento” (The Pulpit Commentary – El Comentario del púlpito).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Su encuentro con la segunda muerte se llevó a cabo “a partir de la hora sexta (mediodía) . . . hasta la hora novena” (3 pm - Mat. 27:45) cuando fue colgado en la cruz en aquel fatídico Viernes, siglos atrás.  No se escribe ni una palabra sobre su experiencia durante esas tres horas.  Sólo se dice que fueron horas de sufrimiento silencioso para la observación humana.  Sólo podemos imaginar la soledad, el desfallecimiento, la confusión de la mente, y la desesperación cuando todas las despreciables manifestaciones del pecado culminaron en un audaz asalto contra el Hijo de Dios, que se presentó ante el mundo como el Hijo del Hombre que no conoce pecado (2 Cor. 5:21).  Cuando la lucha hubo terminado victoriosamente, un “fuerte clamor” de Jesús rompió el silencio.  La expresión griega que se traduce como “fuerte clamor” hace hincapié en el hecho de que él exteriorizó el clamor en voz alta.  Se trata de un rugido que nunca había sido escuchado, y que nadie que ha recorrido este largo camino llamado vida ha vuelto a mencionar.  Es a la vez un grito de abandono y de victoria, que Jesús tomó de las palabras del Salmista (22:1) para transmitir su pasión y cumplir con la Escritura (Joel 3:15-16).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mateo y Marcos registran las palabras que acompañaron a su angustiado grito, “ELI, ELI, ¿LAMA SABBACTHANI?”  Es decir, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46, Marcos 15:34).  No podemos esperar saber exactamente qué significó este grito de Jesús.  Nosotros, sin embargo, entendemos que fue un grito que expresó el tormento de su alma al ser separado de su Padre, en comparación con el cual la cruel tortura de su cuerpo no fue nada.  También es notable que durante su agonía en Getsemaní, Jesús no se refirió a su padre como “Abba”, como lo había hecho en numerosas ocasiones (Marcos 14:36).  La razón es que, en la cruz él estaba llevando a cabo la obra de la Redención como hombre, y por eso se refirió a su padre como “Mi Dios”, al estar cumpliendo con su voluntad (Isaías 49:4).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las palabras de su fuerte clamor validan la tesis de que es su segunda muerte la que tiene significado para nuestra salvación.  El enfrentó a la muerte y la venció durante esas tres horas cruciales en la cruz. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por ejemplo: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En primer lugar, él mismo declaró que fue “abandonado” por Dios durante ese tiempo.  Cuando su alma estaba angustiada, una voz del cielo lo confortó (Juan 12:27-28).  En su agonía en el Huerto, apareció un ángel del cielo para fortalecerlo (Lucas 22:43), pero en esta ocasión, él estuvo solo –abandonado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En segundo lugar, la forma verbal abandonado no está en el tiempo presente griego, como se traduce en algunas versiones.  Está en el tiempo aoristo (una sola vez), e implica que durante esas tres horas de oscuridad Jesús había estado en total desolación por única vez.  Ser abandonado por su Padre fue el más grave de todos sus sufrimientos desde que fue arrestado; en ese momento, después de recuperarse de esas tres horas, él profirió ese doloroso y desgarrador grito (Salmo 69:1-3). &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En tercer lugar, mientras que Mateo registra la forma hebrea del fuerte clamor, Marcos nos la presenta en el idioma arameo, que era la lingua franca de la infancia de Jesús.  Así como recitó el Salmo 22 desde sus primeros años, igualmente volvió a su lengua vernácula en ese momento crucial.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En cuarto lugar, y lo más importante, debido a que los muertos no saben nada (Ecles. 9:5), y esto incluye a Jesús, el plan de salvación debía ser cumplido antes de que experimentara el sueño de la muerte y fuera enterrado en la tumba.  Sólo después de que Jesús se aseguró del éxito de su misión para salvar a la humanidad, se ocupó de sus propias necesidades humanas.  “Después de saber que todas las cosas ya se habían cumplido, para cumplir con la Escritura (Isaías 53:4-6) [Jesús] dijo: ‘Tengo sed’” (Juan 19:28).  Antes de eso, él había rechazado todos los intentos para aliviar la terrible agonía (Mateo 27:34), pero plenamente consciente del significado y del éxito de su muerte expiatoria, buscó remedio para su dolor físico y tomó el vinagre (v. 29), y una vez recibido, lo bebió (v. 30).  A continuación, declaró que su misión estaba cumplida y que el salario del pecado había sido “pagado en su totalidad” (tetelestai), o que estaba “consumado”, lo que justamente significa “completar, hacer perfecto, llevar a cabo lo que se dice”, o “cumplir una promesa”.  Tras haber completado su misión de expiar el pecado del mundo (Juan 3:16) y de haberlo declarado un éxito, Jesús murió físicamente, experimentando el sueño de la muerte (Mateo 27:50-51). &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por último, la redención, o la semana de la re-creación, termina de la misma forma que la semana de la creación, con el Sábado.  Cuando Jesús había completado el plan de salvación, entró en un Sábado de descanso por primera vez desde su nacimiento, tal como se anunció en Génesis 2:1-3.  Todo esto significa que nuestra salvación fue comprada y forjada en la cruz, no en la tumba. Cuando Jesús había “terminado” su obra de salvación para la restauración de la humanidad en el sexto día, entonces descansó en el séptimo, tal como lo había hecho después de crear a los seres humanos en el sexto día (Hebreos 4:10).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Hyveth Williams es pastora titular de la Iglesia de Campus Hill, en Loma Linda, California.&lt;br /&gt;
&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
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 <category domain="http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano_category/escuela_sab_tica">Escuela sabática</category>
 <pubDate>Wed, 04 Jun 2008 01:53:39 -0700</pubDate>
 <dc:creator>Hyveth Williams</dc:creator>
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 <title>Escuela sabática: La ternura de su amor</title>
 <link>http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/05/25/la_ternura_de_su_amor</link>
 <description>&lt;p&gt;(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A primera vista, la idea de estudiar la ternura del amor de Jesús parece casi un ejercicio inútil.  Después de todo, ¿quién entre nosotros no cree que su amor fuera tierno?  Ciertamente no necesitamos esforzarnos para llegar a convencernos de este hecho.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los Evangelios registran muchas historias que muestran un amor tierno y desinteresado en las acciones de Jesús.  “Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor” (Marcos 6:34).  Lo imaginamos llorando cuando siente un gran pesar por Jerusalén, a semejanza de un padre que agoniza de dolor cuando un hijo yerra.  “¡Jerusalén, Jerusalén, ciudad que matas a los profetas y apedreas a los mensajeros de Dios!  ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina protege a sus polluelos debajo de sus alas, pero no quisiste!” (Mateo 23:37).  Incluso mientras estaba crucificado, Jesús pidió a su Padre que perdonara a los que eran responsables de su tortura y ejecución.  “Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo” (Lucas 23:34).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Podría haber un amor más extremo y tierno que éste?  Sin embargo, ¿es posible que exista algún peligro en enfocarse mucho en este tema cuando se habla de la vida de Jesús?  La típica imagen de su tierno amor, a menudo nos lleva a ver a Jesús como si tuviera una sola dimensión humana.  Es más, a menudo esto nos hace poner a Jesús en directa oposición a Dios. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El problema comienza cuando intentamos conciliar al Dios del Antiguo Testamento con el Dios (Jesús) del Nuevo Testamento.  ¿Fue sólo Jesús quien exhibió un amor tierno?  ¿Y qué podemos decir de la ternura del amor de Dios?  La mayoría de nosotros nos sentimos bastante cómodos con la idea de la ternura del amor de Dios.  Podemos muy fácilmente imaginar a Dios tomando a los niños en su regazo y diciendo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis” (Mateo 19:14).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero ¿dónde está la ternura de Dios cuando leemos pasajes tales como, “He aquí que yo estoy contra ti, oh Israel, y sacaré mi espada de su vaina, y cortaré de ti a los justos y los impíos por igual” (Ezequiel 21:3)?  O como este: “El pueblo de Samaria será asolado, porque se rebeló contra su Dios; caerán a espada; sus pequeños serán arrojados contra el suelo para muerte, y sus mujeres embarazadas serán abiertas a espada” (Oseas 13:16). &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sí, hay dificultades para conciliar la ira de Dios con su ternura.  Sin embargo, sospecho que hay mucho mayor dificultad, y malestar, en la conciliación de la ternura de Jesús con su propia ira.  ¿Qué podemos decir de la historia de la rebelión de Coré, Datán y Abiram, tal como aparece en Números 16?  ¿Podemos imaginar a Jesús como el responsable de la muerte de todas las familias rebeldes, incluidos los bebés, pequeños e inocentes?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una de las historias del Nuevo Testamento que se utiliza a menudo para ilustrar el tierno amor de Jesús, es la de la mujer atrapada en adulterio.  ¿Podemos preguntar cómo se las habría arreglado en los tiempos del Antiguo Testamento?  ¿Habría terminado la historia del mismo modo?  ¿Cuál habría sido su suerte bajo el Dios del Antiguo Testamento?  ¿Será posible que Jesús y Dios no estuvieran de acuerdo sobre el mandamiento de Levítico 20:10?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ya en el segundo siglo, los cristianos luchaban con esta cuestión.  Marción se resistía a creer que el Dios vengativo y airado del Antiguo Testamento fuera el mismo Dios amante y misericordioso de Jesús.  Para él, la respuesta planteaba la existencia de dos Dioses –el Dios del Antiguo Testamento y el Dios de Jesús.  En opinión de Marción, el Dios del Antiguo Testamento se encargaba de ver que su pueblo guardara su Ley, y de castigarlos cuando fallaban.  En contraste, el Dios de Jesús era más bondadoso, más suave, enviado a salvar a las personas del vengativo Dios del Antiguo Testamento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Descartamos la teoría de Marción sobre los dos Dioses, en el mejor de los casos como insostenible.  Nos decimos a nosotros mismos que somos demasiado astutos teológicamente como para suscribirnos a esa teoría.  Nos gusta citar la Escritura que dice: “Si me has visto, has visto al Padre” (Juan 14:9).  Sin embargo, ¿no será que, en esencia, hemos construido una “teología Dios/ Jesús” que es muy parecida a la de Marción?  Estamos razonablemente cómodos con la ternura de Dios, y podemos señalar textos de las Escrituras que describen su amor y fidelidad  (Éxodo 34:6-7; Isaías 41:9).  La verdadera prueba viene cuando intentamos equiparar la persona de Jesús, y su ternura, con la ira de Dios.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Normalmente hay una negación en cuanto a que Jesús exhibió lo que podríamos describir como emociones negativas (o tal vez violentas).  La mayoría de los cristianos no sostendrían algo así; ni siquiera estarían dispuestos a discutir el tema.  Generalmente se realizan grandes esfuerzos para hacer ver a Jesús no tan enojado, tanto que él resulta esencialmente desprovisto de cualquier rasgo de personalidad que pudiera caer en el ámbito de la emoción negativa. Las más citadas excepciones, su encuentro con los cambistas (Marcos 11:15-19) y el hombre con la mano deforme (Marcos 3:1-5), son a menudo tratados como aberraciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En nuestro afán por presentar al Jesús del Nuevo Testamento como un “mejor camino”, ¿no hemos sido culpables de crear una teología del “policía malo / policía bueno”? ¿No hemos apoyado, en lo esencial, la descripción de Dios y Jesús que hizo Marción?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En verdad, no podemos ignorar la ira de Dios –el Antiguo Testamento tiene una amplia evidencia de este hecho.  Tampoco podemos negar la ternura de Jesús –el Nuevo Testamento tiene amplias evidencias de este hecho.  El dilema en el que nos encontramos, entonces, es este: que preferiríamos centrarnos en la ternura de Jesús, para casi excluir la necesidad de hacer frente a su ira, y a la de Dios.  Rechazamos la imagen de un Dios enojado, lleno de ira, al que un tierno Jesús debe suplicar para que no nos destruya.  Sin embargo, nuestra teología a menudo muestra que no hemos descartado totalmente esta creencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La ternura de su amor fue el mayor milagro de Jesús.  Su ira es tal vez su mayor misterio.  ¿No sería provechoso explorar de manera más veraz y precisa la relación entre las dos?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Jim Bursey escribe desde Yuba City, California, EE. UU.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
</description>
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 <category domain="http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano_category/escuela_sab_tica">Escuela sabática</category>
 <pubDate>Sun, 25 May 2008 17:58:39 -0700</pubDate>
 <dc:creator>Jim Bursey</dc:creator>
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 <title>Escuela sabática: La intensidad de su caminar</title>
 <link>http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/05/19/la_intensidad_de_su_caminar</link>
 <description>&lt;p&gt;(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Qué significa seguir a Jesús?  Esta es una pregunta central para el discipulado cristiano y, sin embargo, no hay una respuesta sencilla.  Seguir a Jesús presupone conocer dónde ha ido antes que nosotros.  Sin embargo, no existe un mapa único para poder rastrear sus pasos.  Las narraciones del Evangelio –escritas decenios después de que Jesús caminara en este mundo— pueden leerse como diarios de viaje de exploradores que argumentan a favor de su camino preferido en la misma montaña, sobre la base de una colección de rumores e informes acerca de un hombre llamado Jesús que una vez realizó el viaje.  Y discrepan y entran en conflicto en sus informes sobre los lugares donde fue Jesús, o por qué hizo el viaje, en primer lugar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tradicionalmente, estas diferencias y discrepancias se han pasado por alto, y las descripciones mismas se fusionaron en una ruta más limpia y más lineal hacia la fe, como casi cualquier espectáculo de la Natividad puede atestiguar.  Pero incluso las señales más queridas de este popular camino cristiano, pueden inducir a error a los seguidores fervientes que creen, por ejemplo, que la enseñanza de Jesús de poner “la otra mejilla” insta a elegir el camino de la pasividad y la mansedumbre frente a la injusticia; camino que es el resultado de una grave interpretación errónea de Mateo 5:39-41, que, como lo dice adecuadamente Walter Wink, subversivamente instruye a los seguidores de Jesús para tomar el complicado camino de la resistencia no-violenta.1&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por lo tanto, procurar una comprensión más profunda del contexto histórico y del desarrollo de los Evangelios, nos puede ayudar en nuestra búsqueda de la(s) vía(s) que Jesús tomó, por medio de una especie de proceso de eliminación.  En el ejemplo anterior, es poco probable que las enseñanzas de Jesús hubieran ofendido a los poderes religiosos y políticos de la época como lo hicieron –ofensa que dio lugar a su ejecución patrocinada por el Estado— si simplemente hubiera dicho a sus seguidores “sonrían y sopórtenlo”.  Al mismo tiempo, la navegación por el interminable flujo de comentarios y análisis sobre el Jesús histórico, puede proporcionar más información acerca de nosotros como lectores de los Evangelios que acerca de Jesús mismo.  Como lo señala Richard Smoley, un estudioso del esoterismo cristiano: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No hay forma de determinar realmente cuánto de lo que los Evangelios dicen sobre Jesús realmente sucedió y cuánto es leyenda.  Por consiguiente, Jesús se ha convertido en una especie de mancha de Rorschach.  No tenemos que leer muchos libros sobre él para darnos cuenta de que los autores nos dicen mucho más acerca de ellos mismos y de sus propios intereses que sobre el carpintero de Nazaret.  Jefferson vio a Jesús como el exponente de un sistema racional de ética; Morton Smith, como un mago popular; Albert Schweitzer, como un profeta callejero de la fatalidad; y en un best-seller de 1920 titulado El hombre que nadie conoce, un autor llamado Bruce Barton llegó a  retratar a Jesús como el “más grande vendedor de todos los tiempos”.  Probablemente siempre fue así.  “Díganme qué les parezco”, preguntó Jesús a Pedro, Mateo y Tomás en El Evangelio de Tomás.  Pedro le dice que es como un ángel justo; Mateo, que es como un sabio filósofo.  Tomás dice: “Maestro, mi boca es totalmente incapaz de decir a quién se parece usted”.  Jesús responde: “Yo no soy tu maestro, porque has bebido, y te has intoxicado con el manantial burbujeante que yo he medido”. 2 &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo que decimos sobre Jesús muchas veces revela más sobre lo que queremos o necesitamos que él sea.  Y, sin embargo, el misterio y la belleza de Jesús es que él elude todos nuestros intentos de explicar, definir y argumentar sobre quién es él.  Nadie puede conseguir tener a Jesús sólo para sí mismo.  Cuando nos acercamos al “manantial burbujeante” a través de la oración o de la contemplación, podemos beber de su fuente, ver que nuestras expectativas y creencias se disuelven en sus profundidades, y dejar que lave nuestros corazones y nuestras mentes.  Pero no podemos capturar a Jesús, así como un niño no puede atrapar el agua de una manguera de jardín con sus manos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al examinar mi propia manera de cambiar mi relación con él, veo la forma en que el Jesús que he conocido, demasiado a menudo refleja mi propia ubicación en la vida.  Cuando niño, me parecía notablemente similar a mis padres –tanto en apariencia como en modales— era muy cariñoso y muy consciente de mi comportamiento, capaz de sentir “decepción” cuando no seguía su ejemplo, y siempre estaba dispuesto a abrazarme cuando yo le decía “lo siento”.  Hacia el fin de la adolescencia, pasé por un período de “Jesús es como mi novio”, cuando anhelaba y buscaba su afecto con el fervor de cualquier chica enamorada, y sentía congoja y me odiaba a mí misma cuando no lo sentía de la manera en que siempre lo había sentido. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esos eran los días de llamados de altar emocionales, de campamentos de verano espiritualmente elevados, y de una ignorancia feliz con respecto al futuro, aparte de saber que, para mí, su retorno estaba muy cerca.  Durante los años de adulta joven, mi vida espiritual se asemejaba a mis primeros intentos de aprender a conducir un auto con caja de cambios –tratando de avanzar, de no detenerme, con traspiés accidentales pero dramáticos. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el seminario, sin embargo, mi imagen de Jesús se hizo más compleja –de repente hubo una verdadera galería de retratos para elegir.  Adopté ciertos términos en mi vocabulario, como “el Jesús histórico” y “el Cristo de la fe”.  Pero al no poder confiar en lo que me habían enseñado acerca de Jesús, encontré que apareció una distancia crítica en mi relación con él y en mi relación con las fuentes de mi fe –sobre todo con la Iglesia.  Se trató de un doloroso período de separación –que incluyó un intenso sentimiento de traición, enojo, tristeza y miedo— pero también fue un momento de liberación y, en retrospectiva, como de curación, al dejar ir el mapa de la fe que me habían dado, y comenzó un largo período de búsqueda y exploración.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En cada una de estas etapas, yo creía en mi corazón que estaba “siguiendo” a Jesús –o, más tarde, al Dios de Jesús— por responder de buena fe a la información que yo tenía.  Pero cuando la información cambió, o cuando una experiencia de vida puso en tela de juicio la validez de dicha información, tuve que responder de una manera nueva.  Por ejemplo, en los primeros días en el seminario, cuando escuché por primera vez sobre los “Seminarios de Jesús”, me burlaba de la idea de que los académicos se reunieran para “decidir” qué es lo que el Jesús histórico había dicho o hecho, suponiendo que tal esfuerzo era el lamentable resultado de que las personas de fe recibieran  demasiada educación por su propio bien. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Siete años más tarde, volví a leer a Marcus Borg, en Encontrando de nuevo a Jesús por primera vez, y me sentí profundamente conmovida, como no lo había sido antes, debido a la sinceridad de su propio viaje, a su propia evolución en la relación con Jesús y a su reverencia hacia él, y, en última instancia, debido a su profunda y transformadora experiencia de la presencia real de Dios en nuestro mundo.3  Me sentí impulsada a leer su autobiografía espiritual, y me humillé al ver cómo su historia refleja el viaje de tantos otros –entre ellos el mío— y me acordé de la cantidad de juicios –casi siempre carentes de información— que yo había hecho sobre él, y la forma en que esos juicios al parecer me impidieron ver la verdad y la belleza presente en su camino espiritual. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El compromiso de “seguir” a Jesús, entonces, puede convertirse en opresor, si eso significa que nos vamos a obligar a nosotros mismos a sostener una idea de Jesús, o de Dios, o del mundo, tal que nos neguemos a abandonarla o a cambiarla, aún cuando nuestras vidas nos digan que deberíamos hacerlo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En mi trabajo como capellana de un hospicio, hago lo mejor que puedo para ayudar a la gente a conectarse con sus fuentes sagradas de reposo y de sentido, al final de sus vidas, independientemente de su religión o de sus creencias y afiliaciones espirituales.  Veo esto como una evidencia de crecimiento espiritual y personal, al recordar muy bien cómo no siempre tuve un espacio en mi corazón para otros caminos espirituales.  Por lo tanto, acepto que he entrado en una nueva etapa en mi propio viaje espiritual, etapa que está llena de curiosidad y de preguntas frente a los muchos rostros y los muchos misterios de Dios. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;NOTAS Y REFERENCIAS:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;1. Walter Wink, Los poderes que son: Teología para un Nuevo Milenio (Nueva York: Augsburg Fortress, 1998), 98-103. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;2. Richard Smoley, Cristianismo interno: Guía para la Tradición Esotérica (Boston: Shambhala Publications, Inc), 122. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;3. Marcus Borg, De conocer a Jesús de nuevo por primera vez: el Jesús histórico y el corazón de la fe contemporánea (Nueva York: Harper Collins, 1994), 3-15.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Heather Isaacs Royce escribe desde Napa Valley, California, donde trabaja como capellana de un hospicio.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
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 <comments>http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/05/19/la_intensidad_de_su_caminar#comments</comments>
 <category domain="http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano_category/escuela_sab_tica">Escuela sabática</category>
 <pubDate>Mon, 19 May 2008 12:57:15 -0700</pubDate>
 <dc:creator>Heather Isaacs Royce</dc:creator>
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 <title>Escuela sabática: El enigma de su conducta</title>
 <link>http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/05/12/el_enigma_de_su_conducta</link>
 <description>&lt;p&gt;(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No hay absolutamente ninguna duda de que Jesús fue una constante fuente de perplejidad para sus contemporáneos.  Esto parece muy extraño a los modernos lectores de los Evangelios, que se preguntan sobre la ceguera colectiva de Israel.  De hecho, la teología cristiana nos ha acostumbrado a ver en Jesús al Mesías prometido, que da cumplimiento a numerosos textos del Antiguo Testamento, y nos asombramos ante la evidente incredulidad de los judíos.  La razón de nuestra perplejidad se encuentra en el hecho de que Israel no entendió las profecías como nosotros.  ¿Cómo se puede explicar eso?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hagamos un alto por un momento y situémonos dentro del contexto que prevalecía en ese momento.  Palestina estaba bajo el control de Roma y, como demuestra la historia, el control era rígido, por no decir brutal.  La aspiración profunda de cualquier nación sometida, es la libertad.  Pero en el caso de Israel, la aspiración era mucho más profunda debido a su conciencia de larga data de ser el pueblo elegido de Dios, que en diferentes momentos había sido liberado de los egipcios, de los filisteos, de los sirios, de los asirios y de los babilonios, respectivamente.  La mayoría de las intervenciones de Dios consistieron en extraordinarias hazañas de poder.  ¡Que Dios también liberaría a la nación del yugo Romano era un hecho!  Por otra parte, la expectativa se había acrecentado debido a las innumerables promesas de un Mesías, que al igual que Moisés y Elías en la Antigüedad, vendría y expulsaría a los odiados conquistadores con una exhibición de gran poder.  Esta era la conciencia nacional que existía cuando apareció Jesús. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Unos treinta años antes, habían circulado extraños rumores de un bebé nacido en circunstancias insólitas.  Habían ocurrido milagros que hacían recordar antiguos sucesos históricos.  Los pastores habían visto y oído a los ángeles cantando: “. . . en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.  Un sacerdote muy respetado había quedado mudo, pero luego, al recuperar el habla, sus primeras palabras fueron: “. . . Nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David, . . . salvación de nuestros enemigos y de las manos de aquellos que nos aborrecieron” (Luc. 1:69-71).  Además, se dijo que un ángel había anunciado a la madre embarazada que su hijo debería ser llamado Emmanuel, Dios con nosotros.  ¡Una gran emoción! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pasan treinta años y la emoción ha disminuido un poco.  Entonces aparece un hombre  vestido a la usanza de los antiguos profetas, e invita a la gente a prepararse para la venida de uno que es más poderoso que él.  Es cierto que su llamado era para arrepentimiento, pero no es en absoluto difícil ver cómo la emoción causada por el anuncio de la venida de aquel “que es más poderoso”, desplazó a la idea de un arrepentimiento moral.  Poco después, el hombre conocido como “Jeshua” comienza a predicar que, en efecto, el Reino ha llegado, y procede a transformar el agua en vino, echar fuera demonios, sanar a los enfermos, alimentar a las multitudes, y resucitar a los muertos.  Marcos resume así la emoción producida: “Muy pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región de Galilea” (1:28).  En poco tiempo, la fiebre también llegaría al sur, a Judea.  En todas las mentes se estampó la idea de que el héroe había llegado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero entonces, Jesús comienza a hacer algunas declaraciones bastante inesperadas, por no decir extrañas, tales como: “Amad a vuestros enemigos, . . . si os piden algo, haced aún más”. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las declaraciones son acompañadas por acciones que causan mayor preocupación.  Jesús sana al siervo de un centurión romano; pasa tiempo con los samaritanos; alimenta a cuatro mil paganos en la región oriental del Mar de Galilea.  Las palabras y las acciones no anuncian el tipo de liberación que la nación está esperando con impaciencia: principalmente liberación política.  Tres largos años de espera se van.  Al final, la esperanza parpadea y muere.  Bajo la instigación de los líderes religiosos, que determinan que es conveniente que el pseudo Mesías muera, se enturbia el estado de ánimo de la nación y el drama, en lo que respecta al pueblo, culmina en violencia en el monte Gólgota. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el momento en que Jesús es asesinado, los mismos discípulos aún no han entendido la verdadera naturaleza de la libertad ofrecida por su Maestro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Con este contexto en mente, no es difícil ver por qué la conducta de Jesús fue tan desconcertante para sus contemporáneos.  Sólo un ejemplo de ello: la higuera maldita y los vendedores expulsados del templo.  La narración de Marcos (11:12-23) es muy interesante, porque es el único evangelista que relaciona ambos eventos, como si hubiesen ocurrido en una secuencia: en primer lugar la maldición de la higuera, luego de la expulsión de los mercaderes, y en seguida la interpretación del incidente de la higuera.  Marcos cita a Isaías y a Jeremías para explicar las acciones de Jesús.  Isaías 56:1-8 había identificado el templo como el lugar que Dios destinó para que fuera una casa de oración para todas las naciones.  Dios había diseñado el templo como una invitación suya a los extranjeros (los no judíos) y a los eunucos (“Yo soy un árbol seco”).  Los judíos restringían el acceso de esas personas, que sólo podían ingresar al patio exterior del templo.  Y entonces los judíos convirtieron la Casa de Oración de Dios en un mercado, impidiendo de manera efectiva que los gentiles tuvieran la posibilidad de adorar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Marcos también cita a Jeremías 7: 11, que dice que el templo se había convertido en una cueva de ladrones.  Una cueva es un lugar que ofrece refugio, seguridad y confort.  Los judíos habían llegado a creer que podían comportarse como quisieran, y venir, a continuación, al templo diciendo: “estoy seguro”.  Al expulsar a los vendedores (siervos de los sacerdotes), Jesús reincorpora el patio al templo, permitiendo que los no-judíos y los marginados tengan libre acceso a Dios.  En cuanto al sentido de seguridad espiritual que tenían los judíos, es reducido a la nada.  La nación era simbolizada por la higuera cubierta con follaje de color verde (el cual representaba a las bendiciones de Dios); Jesús la maldijo y se secó, es decir, dejó de tener vida y de ser productiva.  Marcos utiliza la ironía.  El árbol seco ya no es el eunuco, sino Israel.  Israel ha de ser sustituido por un nuevo pueblo.  ¡Hablemos de conducta desconcertante; chocante es quizás más preciso! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt; 	Tal vez la lección para los adventistas del Séptimo Día es que deben estar siempre conscientes de que el mismo peligro acecha.  Los que confiamos en nuestro “supuesto” conocimiento de las profecías de los días finales, ¿será posible que hayamos puesto a Dios en una caja y que seamos tomados por sorpresa si Él no actuara de acuerdo a nuestros bien diseñados escenarios, con gráficos y todo? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Eddy Johnson es pastor de la iglesia Adventista del Séptimo día, en Sidney, Australia.&lt;br /&gt;
&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Mon, 12 May 2008 21:12:37 -0700</pubDate>
 <dc:creator>Eddy Johnson</dc:creator>
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 <title>Escuela sabática: El desafío de sus dichos</title>
 <link>http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/05/05/el_desafio_de_sus_dichos</link>
 <description>&lt;p&gt;(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A los seres humanos les gustan los desafíos.  A algunos les encantan los desafíos relacionados con las ideas, otros prefieren desafíos sobre cosas prácticas.  Ya sea que Ud. prefiera resolver crucigramas, planear menús para la cena de los sábados, o mejorar la eficiencia de producción, la satisfacción consiste en enfrentar los desafíos.  La lección de esta semana examina los dichos desafiantes de Jesús, un tema que exige todos los esfuerzos de la mente.  Algunos quieren hacer teología con los dichos de Jesús, otros prefieren que presten un servicio. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Existen múltiples formas de resolver las tensiones generadas por los textos difíciles.  Un método común consiste en importar un sistema de clasificación que permita eludir la ardua labor que el aprendizaje de estos textos requiere.  Por ejemplo, clasificar las palabras de Jesús en distintas categorías, tales como enseñanzas vs. dichos implica que algunas de las palabras de Jesús requieren una mayor demanda de nuestra atención que otras.  A pesar de que esta implicación puede ser cierta, la imprecisión de estas categorías, enseñanzas vs. refranes, permite unas vías de escape fáciles para los textos que no queremos seguir.  Los Evangelios usan ambos términos, pero no como categorías.  Por ejemplo, ¿en qué categoría se pueden clasificar las palabras que siguen a esta introducción común: “Jesús abrió su boca y les enseñó, diciendo . . .”?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mateo 5:48: “Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La palabra perfectos nos asusta porque sabemos cuán lejos estamos de ser perfectos.  ¡Y es tan útil obligarnos los unos a los otros a hacer un mayor esfuerzo!  La palabra perfecto (teleos) tiene una variedad de significados semánticos, pero no es posible tomar el mandamiento literalmente, en su más estricta aplicación, ya que estaría exigiendo que los seres humanos tengan capacidades infinitas.  Sugiero que permitamos que el pasaje paralelo de San Lucas nos guíe en la interpretación de este texto, para ver que se centra en la manera como debemos actuar con los demás –es un mandamiento que nos llama a actuar con misericordia, así como Dios actúa con misericordia.  Esto no significa torcer el sentido de la lectura de Mateo, porque el contexto inmediatamente anterior a este versículo dice que Dios hace brillar el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos, de manera que Mateo 5:48 proporciona la conclusión de la idea.  Por lo tanto, debemos actuar con la misma falta de prejuicio hacia el bueno y hacia el malo, tal como Dios hace al enviar el sol y la lluvia.  Este es verdaderamente un mandamiento desafiante, que se interesa en el servicio.  Compare con Lucas 6:36.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mateo 18:21-22.  (21) Entonces Pedro se acercó y le dijo: &quot;Señor, si otro miembro de la iglesia peca contra mí, ¿cuántas veces debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces?&quot;.  (22)  Jesús le dijo: &quot;No siete veces, sino setenta veces siete&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al igual que los helados, el número que aparece en el texto, tanto en las variantes originales como en las traducciones, viene en varios sabores, lo que significa que ponerse a contar haría que se pierda el sentido del perdón.  Tratar a los demás con perdón, sin importar el número de veces que perdonamos, es actuar como Dios actúa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mateo 19:3-12.  (3) Algunos fariseos vinieron a él, tentándole y diciéndole:¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier causa?  (4) Él contestó: ¿No saben leer, que el que los hizo al principio, los hizo varón y hembra, (5) y dijo: Por esta razón el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne?  (6) Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por lo tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.  (7) Ellos le dijeron: Entonces, ¿por qué Moisés nos mandó dar carta de divorcio y repudiarla?  (8) El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así.  (9) Y yo os digo que cualquiera que se divorcia de su esposa, excepto por causa de fornicación, y se casa con otra, comete adulterio.  (10) Le dijeron sus discípulos: Si tal es el caso de un hombre con su esposa, es mejor no a contraer matrimonio.  (11) Pero él les dijo: No todo el mundo puede aceptar esta enseñanza, sino sólo aquellos a quienes es dado.  (12) Porque hay eunucos que han sido así desde su nacimiento, y hay eunucos que se han hecho eunucos por los demás, y hay eunucos que se han hecho ellos mismos eunucos por causa del reino de los cielos.  El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Uno de los retos en este caso, es que si bien el divorcio no es lo ideal, Moisés en la Ley permitió el divorcio a causa de la dureza de los corazones humanos.  Se puede pasar por alto la importancia del versículo 11 para las enseñanzas de Jesús, pero el texto parece reconocer que cuando los corazones son duros, permitir el divorcio es una opción, y ya que no todos aceptan el ideal, hay oportunidad de practicar la misericordia incluso con los de corazón duro, sobre todo cuando Mateo 5:48 se toma en serio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mateo 19:3-12 reconoce que hay temas complicados en lo que respecta a la sexualidad humana.  La porción que es considerada con menor frecuencia trata sobre los eunucos.  No todos nacen en las mismas condiciones, tampoco han sido tratados todos por igual, y no todos actúan de la misma manera.  Jesús parece repetir la misma preocupación por el ideal en el versículo 12, tal como lo hizo en el versículo 11: hay un ideal, pero no todos pueden aceptarlo.  Cuando los corazones son “duros”, cuando las condiciones varían de un individuo a otro, hay oportunidad de actuar misericordiosamente con el que es diferente, tal como Dios lo hace cuando envía la bendita lluvia sobre los justos y los injustos (Mateo 5:45).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lucas 12:32-34.  (32) No temáis, manada pequeña, porque ha querido vuestro Padre daros el reino.  (33) Vended lo que poseéis, y dad limosna.  Haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en el cielo que no se agote, donde ladrón no llega y polilla no destruye.  (34) Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La salvación tiene que ser eliminada de la ecuación a fin de comprender este texto (y otros).  La ecuación no es Salvación = Vender y dar.  Antes de que se diera cualquier mandamiento (v. 33), el reino ya había sido dado (v. 32).  Cuando el tesoro está con las personas necesitadas, el corazón está con Dios.  El reto de las palabras de Jesús se hace más agudo en textos como éste.  El desafío no está en lo que se debe creer, sino en lo que se practica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Juan 19:25-27.  (25) Mientras tanto, de pie cerca de la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la esposa de Cleofás, y María Magdalena.  (26) Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien él amaba de pie junto a ella, le dijo a su madre: &quot;Mujer, aquí está tu hijo&quot;.  (27) Luego dijo al discípulo: &quot;Aquí está tu madre&quot;.  Y desde aquella hora el discípulo la llevó a su propia casa. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay un gran número de desafíos en estos tres versos.  ¿No amaba Jesús a los otros discípulos?  Si es así, ¿por qué este discípulo es identificado como “a quien él amaba”?  Hay tres Marías en esta escena, pero ¿por qué una familia habría de nombrar a dos de sus hijas María?  Y ¿por qué dirigirse a su propia madre como “mujer”?  Estas, sin embargo, son pistas falsas para la cuestión central de la valoración de las personas.  La preocupación de Jesús no se limita a los mendigos, los eunucos, los divorciados, y los infractores reincidentes, sino también se dirige a la familia, como se observa en la preocupación del Señor por el cuidado de su madre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las palabras verdaderamente desafiantes de Jesús no son las que presentan rompecabezas intelectuales, sino esos dichos por lo general sencillos, que nos enseñan a cuidar a los enemigos, a los pobres, los encarcelados, las viudas, los huérfanos, y a los miembros de la familia.  No se trata de creer en la misericordia, sino de practicar la misericordia donde las palabras de Jesús que son verdaderamente desafiantes nos confrontan.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Ron Joliffe es teólogo de formación y profesor de Inglés en la Universidad de Walla Walla, en College Place, Washington.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
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 <category domain="http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano_category/escuela_sab_tica">Escuela sabática</category>
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 <pubDate>Mon, 05 May 2008 14:11:18 -0700</pubDate>
 <dc:creator>Ron Jolliffe</dc:creator>
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 <title>Escuela sabática: La maravilla de sus obras</title>
 <link>http://www.spectrummagazine.org/cafe_hispano/2008/04/28/la_maravilla_de_sus_obras</link>
 <description>&lt;p&gt;(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;“Las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado”  Juan 5:36.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La obras asombrosas realizadas por Jesús hacen de él un fuera de serie.  Los Evangelios narran una gran variedad de cosas hechas por Jesús, pero todas ellas pueden agruparse en tres aspectos principales que pueden resumirse bajo los siguientes encabezados: obras poderosas; formando al nuevo pueblo de Dios; transformando la muerte en vida.  La lección de esta semana se centra en las obras de Jesús que pueden agruparse bajo el primer encabezamiento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;¿Milagros u obras poderosas?&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El intento de definir el concepto de “milagro” ha enredado a filósofos, científicos y teólogos durante siglos, y no es éste el lugar para resolver el problema.  En lugar de ello, vamos a eludir la maraña evitando usar el término “milagro” y empleando en su lugar los términos aplicadas por aquellos que experimentaron las poderosas obras de Jesús de primera mano –llamándolas “obras” (erga, en griego), “signos” o “señales” (semeia), o “derramamientos del poder divino” (dynameis), los cuales produjeron resultados espectaculares, según el relato de los Evangelios.  Lucas los resumió adecuadamente en la siguiente declaración: “Jesús de Nazaret . . . poderoso en obras y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo” (Lucas 24:19), y “Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, y . . . éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo. . . .  Y nosotros somos testigos de todo lo que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén”  (Hechos 10:38-39). &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estas obras poderosas pertenecen a las siguientes categorías: curaciones dramáticas (de la lepra, ceguera, cojera, sordera, hemorragias, quizás la epilepsia, deformidad física, decaimiento, heridas de espada); exorcismos de espíritus malignos; resurrecciones de muertos, y otros acontecimientos dramáticos relacionados con el mundo natural (la tormenta que fue calmada, la alimentación de la multitud, la caminata sobre el agua, la maldición de la higuera, la moneda en la boca del pescado, la gran cantidad de pescados, la conversión del agua en vino). &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Sucedieron realmente estas cosas, de la manera en que las registran los Evangelios?  En respuesta a esta pregunta, tenga Ud. en cuenta que los relatos se integran en la trama misma de los cuatro Evangelios, dando la impresión de que desde el principio pertenecían a la historia personal de Jesús.  No se añadieron a las narraciones en una fecha posterior para aumentar la autoridad de Jesús.  Narrar la historia de Jesús sin estas obras haría injusticia al mensaje.  Los relatos de los Evangelios acerca de las obras poderosas de Jesús no eran elementos opcionales ni periféricos.  Eran parte integrante de su ministerio.  Incluso sus oponentes se vieron obligados a reconocer sus poderosas obras, las cuales ellos trataron de desacreditar como magia negra o demoníaca (ver Lucas 11:15-20).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estas obras poderosas no eran tan comunes en los tiempos de Jesús, como algunos críticos recientes de los Evangelios declaran tajantemente.  Si las esquinas de las calles y los mercados de las ciudades antiguas hubieran estado ocupados por obradores de portentos como los registrados en los Evangelios, y si su cotidianeidad, así como su autenticidad hubieran sido dadas por sentadas por los antiguos, no habría nada destacable en atribuir estas obras a Jesús –no le habrían hecho destacar sobre cualquier otro obrador de milagros callejero, y por lo tanto no habrían servido para apoyar su misión. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Por qué hizo Jesús estas obras poderosas?  Una respuesta a esta pregunta, ampliamente sostenida por cristianos de las generaciones anteriores, era que los milagros de Jesús daban pruebas de su naturaleza divina.  Los milagros “demostraban” la divinidad de Jesús.  Por ejemplo esto es, claramente, lo que plantea Juan en el capítulo 5.  Pero este mismo capítulo también indica que no todo el mundo estaba convencido de la divinidad de Jesús.  La preocupación de Jesús iba mucho más allá de su propia identidad personal.  Lo que él mostraba a la gente, tanto por la palabra como por los hechos, era el nacimiento del reino de su Padre celestial. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Cómo explicaba Jesús mismo sus obras poderosas?  En algunas ocasiones se negó a realizarlas, especialmente cuando se lo solicitaban, negándose a utilizarlas como pruebas de su naturaleza divina (Mateo 4:5; 12:38).  Del mismo modo, se negó a rescatarse a sí mismo mediante la realización de obras poderosas (Mateo 4:1; Lucas 23:25).  Mientras que algunas de sus obras se realizaron en público, tales como la curación de una mano seca (Marcos 3) y la alimentación de las multitudes, él ordenó que las demás se mantuvieran en secreto (Marcos 8:26).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las obras poderosas de Jesús eran una dramática confirmación de su mensaje acerca del reino de Dios.  Él desafió a sus oyentes para que observaran las obras poderosas, y que luego sacaran sus propias conclusiones acerca de la fuente del poder.  Esto se ve en su respuesta a los mensajeros de Juan Bautista, enviados desde la prisión para preguntar si Jesús era realmente el Mesías prometido.  Después de ser testigos de un “día típico” en el ministerio de Jesús, que incluía varias curaciones, el Señor les envió de vuelta a Juan Bautista diciéndoles:  “Bienaventurados los que no encuentran que yo sea un obstáculo para la fe” –en otras palabras, “las cosas que el profeta Isaías profetizó para el tiempo de la restauración, son en realidad las que están ocurriendo en mi ministerio.  Saquen sus propias conclusiones, sobre la base de los testimonios oculares de vuestros seguidores”.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las obras poderosas apuntaban hacia el tipo de mundo que Dios quería, con los seres humanos y la naturaleza redimidos de la interferencia del mal con su consiguiente secuela de enfermedad y sufrimiento.  Su obras poderosas aportaron vislumbres de ese mundo nuevo a muchas personas, a sus familias y aldeas.  Este es el punto que trata de destacar el capítulo 9 de Mateo, del cual fue extraído el versículo de memoria de esta semana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por último, las obras poderosas eran recompensas por la fe.  Jesús esperaba que hubiera fe por parte de los beneficiarios de sus obras: “hija, tu fe te ha salvado” (Marcos 5:34); “no temas, sólo cree” (Marcos 5:36); “todas las cosas son posibles para los que creen” (Marcos 9:23);  “Esta clase no puede ser expulsada con nada, sino con oración y ayuno” (Marcos 9:29).  Los ojos de la fe, contemplando las poderosas obras de Jesús, se dieron cuenta de lo que Dios pretendía para sus hijos, y vieron los inicios de esa nueva realidad en el ministerio de Jesús.  Es por ello que los Evangelios sitúan las obras poderosas en el centro mismo del cuadro –Jesús no hubiera sido Jesús sin ellas, ni Dios sería Dios.  Las obras poderosas de Jesús llaman nuestra atención hacia el plan de Dios para un universo restaurado, libre de la sombra del sufrimiento y de la muerte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Steve Thompson enseña religión en Avondale College, en Cooranbong, Australia.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Mon, 28 Apr 2008 07:14:17 -0700</pubDate>
 <dc:creator>Steve Thompson</dc:creator>
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