(Traducido por Claudia Argueta y editado por Enrique Espinosa)
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“Cuando me bauticé, tuve que prometer que no usaría plumas.” Mi amigo James Reece me dijo esto hace algunos meses, cuando asistíamos a un retiro, y me quedé con la boca abierta. Días después me mandó una copia de su certificado bautismal, y pude ver –no estoy bromeando– que la pregunta número nueve decía: “¿Está dispuesto a seguir la regla bíblica de vestirse modestamente, y abstenerse de usar plumas?” ¡Increíble!
Cuando un grupo de pastores adventistas del séptimo día se reunieron en Battle Creek, Michigan, para considerar cómo organizar la iglesia en 1861, James White propuso la idea de un "pacto ecclesiástico". El documento declaraba: "Nosotros, los signatarios al pie, por medio de ésta nos asociamos como iglesia, tomando el nombre Adventistas del Séptimo Día y pactamos guardar los mandamientos de Dios y la fe de Jesús".1 De manera que el contenido total del "pacto" consistía del propuesto nombre de la iglesia y las palabras de un versículo favorito de las escrituras (Apoc. 14:12).